Septiembre 2012 / El Luthier / Guillermo E. Rodríguez

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El Luthier es una instalación que consiste en activar sonoramente el espacio expositivo mediante una serie de intervenciones escultóricas. Éstas transformarán el espacio de exhibición en una caja de resonancia para instrumentos de cuerda hechos a partir de la arquitectura. Una vez activado, el espacio mismo de la exhibición funcionará como médium y la escultura como su agente catalizador. Al tensar cuerdas de acero y nylon entre dos puntos de diversas construcciones y/o paredes falsas y hacerlas sonar, su vibración resonará en el espacio expositivo, ahora convertido en caja de resonancia.

Guillermo E. Rodríguez (Puerto Rico, 1986) es graduado de la Escuela Central de Artes Visuales, especializándose en escultura y cursó 3 años de la carrera en Artes Plásticas en la Universidad de Puerto Rico. En el 2007 tuvo la oportunidad de realizar una Licenciatura en Art Practice de Goldsmiths College, en la Universidad de Londres. Luego de cinco años en Londres, mostrando y curando exhibiciones, se mudó a Buenos Aires, donde actualmente estudia una Maestría en Curaduría. Algunas exhibiciones recientes incluyen la 11ma Bienal de la Habana y la 1era Gran Bienal Tropical.

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Ciertas metáforas de una lucidez tan penetrante que quitan el aliento, me han suscitado la idea de hallar algo así como la metáfora de una metáfora; una combinación de palabras capaz de capturar la esencia que guarda el acto mismo de juntar términos disímiles para producir una sensación de aproximación a alguna cosa en el mundo real. Tratar de definir la actitud que se pone en juego en la instalación El Luthier me lleva de vuelta a ese ejercicio, ya que sin ser una metáfora en sí misma, la obra parece emplear el mecanismo de este instrumento literario.

El mecanismo metafórico tiene que ver, esencialmente, con la inaccesibilidad de la realidad, con palabras que funcionan como mediadores o códigos para asignar cosas que de otra manera no tendrían forma concreta y sólo podrían ser percibidas por las herramientas (cada vez más cuestionables) de nuestros sentidos. La metáfora emplea las palabras no sólo con el fin de traer a la mente una cosa como objeto distante del que se tiene certeza que existe, sino que también busca evocar la experiencia contenida en ese objeto, ese sentimiento abstracto que habita en las cosas antes de ser traducido a los códigos del lenguaje. Esto se logra al crear intersecciones entre palabras de diferentes campos de significado, colmando la mente del lector en una constelación de pensamientos y emociones que como conjunto se asemejan a la abarcadora y compleja experiencia de encontrar algo en el mundo. Este mecanismo no sólo funciona en relación a las cosas que conocemos y hemos experimentado; también puede evocar la sensación de familiaridad respecto a cosas desconocidas o completamente fabricadas.

El Luthier puede ser pensada como una construcción similar, que encara la inaccesibilidad sensorial del concepto que se esfuerza por evocar intersecándolo con otro fenómeno similarmente inaccesible. Guillermo Rodríguez define su ambición en esta pieza como “convertir el espacio mismo en el médium”, señalando así el deseo de tornar el espacio, ese concepto que utilizamos tan ampliamente y que sin embargo no podemos percibir o comprender (sensorialmente) en su totalidad, en algo capaz de transmitir información sensible y mediar la intención artística. En la instalación se busca lograr esto mediante el ajuste de cuerdas capaces de producir sonido (esa calidad sensible de la resonancia) a la arquitectura desnuda de la galería – ese aspecto periférico, sensible del “espacio”. Las cuerdas y la arquitectura funcionan aquí como palabras, no cargadas en sí mismas sino apuntando a fenómenos superpuestos que aún cuando no son percibidos sensorialmente, persisten conscientemente, como el espacio y la resonancia. Esto abre la posibilidad de acceder a estos fenómenos no directamente, lo cual es imposible, sino por medio de un cruce que, como una metáfora de algo que nunca se ha visto, hace sin embargo posible su reconocimiento.

Noi Fuhrer

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